Desde 2020, la República Dominicana ha tenido que navegar una cadena de crisis que pocas administraciones hubieran imaginado enfrentar de forma consecutiva. Pandemia, cierre del turismo, inflación global, guerra en Ucrania, presión sobre los combustibles, huracanes, inundaciones, sequía, colapso haitiano y el nuevo shock petrolero derivado de la guerra entre Estados Unidos e Irán en marzo de 2026. Cada episodio ha puesto a prueba la capacidad de respuesta del Estado y la estabilidad de una economía abierta, altamente expuesta a los vaivenes del entorno internacional.
En ese contexto, la gestión de Luis Abinader ha estado marcada por la necesidad de gobernar bajo presión casi permanente. No se trata solo de administrar crisis aisladas, sino de sostener el rumbo en medio de choques sanitarios, económicos, climáticos y geopolíticos que han impactado simultáneamente al país y al mundo.
La pandemia del COVID-19 abrió el ciclo con una emergencia sanitaria y económica de escala global. A partir de ahí, la República Dominicana tuvo que enfrentar la paralización del turismo, el encarecimiento de alimentos y materias primas, el impacto de la guerra Rusia-Ucrania sobre energía y fertilizantes, y más tarde una secuencia de eventos climáticos severos como Fiona, Franklin y las inundaciones extremas que afectaron comunidades, infraestructuras y actividades productivas.
A esto se sumó el agravamiento de la crisis haitiana tras el asesinato de Jovenel Moïse, un hecho que aceleró el colapso institucional del vecino país y elevó la presión migratoria, fronteriza y regional sobre la República Dominicana. Más recientemente, la escalada bélica entre Estados Unidos e Irán volvió a colocar el petróleo en el centro de la incertidumbre global, reactivando temores inflacionarios y nuevos desafíos para economías importadoras de combustibles como la dominicana.
Y, sin embargo, el rasgo que define este período no es solo la acumulación de crisis, sino la capacidad de la República Dominicana de mantenerse en crecimiento pese a un entorno internacional profundamente inestable. Esa es la tesis central de esta infografía: un país expuesto a choques globales, pero con margen de maniobra, resiliencia institucional y capacidad de sostener el rumbo.
“Gobernar en la tormenta, crecer en la adversidad” no es solo una frase de impacto. Es una lectura política, económica y estratégica de estos años: los desafíos han sido extraordinarios, pero también lo ha sido la exigencia de responder sin perder estabilidad, confianza ni perspectiva de crecimiento.